miércoles, 26 de marzo de 2014

EL MÉTODO DEL ARCO: UNA FORMA DE HACER EDUCACIÓN PROBLEMATIZADORA
 de Juan Díaz Bordenave

¿Cuántas veces has entrado a un salón de clases, e inicias directo dando cátedra del tema, sintiendo que tienes todo el conocimiento en tus manos y que los que están frente a ti carecen de ello?, en dado caso de que tu respuesta haya sido nunca, lo que seguro te vino a la mente fue algún profesor que quizá tuviste y a quien seguro se le notaba este tipo de conducta, muy bien entonces déjame decirte que como este caso hay muchos en la educación, en los distintos niveles, pero en Enseña por México ¿lo habrá también?.

Veamos entonces lo que plantea Díaz Bordenave: el método del arco parte de la realidad de los sujetos, los va guiando por un camino en el ellos observan sus realidades, identifican puntos clave, hacen una teoría  en la que se analizan las causas y estructura de los problemas para luego entrar en una hipótesis de solución que pueda resolver el problema, al final se llega a la aplicación de la solución, para así resolver finalmente el problema pero este proceso se da siempre considerando las realidades de los involucrados, no desde una perspectiva ajena como se d a en muchos casos.

Lo anterior me hace recordar lo que en una reunión planteaba nuestra compañera Adriana, con respecto a los proyectos comunitarios, recuerdan que se comentaba que la esencia de los proyectos de este tipo es precisamente que los interesados sean quienes lo diseñen, de otra manera no tendrá impacto y siempre dependerá de un agente externo que observa un problema que tal vez para los participantes no sea el problema que quieren enfrentar o quizá ese ni sea considerado un problema. Por tanto el método del arco y los ejemplos que nos muestra pueden darnos una idea de lo que podemos hacer cuando decidamos hacer un proyecto comunitario.

En lo que respecta al ámbito de la educación (que es nuestro quehacer ahora) el método del arco posiblemente lo apliquemos, o quizá no, lo importante es que sepamos por ahora que es lo que trae consigo el que lo llevemos o no a la práctica, veamos que, en las escuelas de enseñanza formal de las zonas urbanas y algunas de la zonas rurales, es difícil encontrar la pedagogía problematizadora, por el contrario lo que hay es una pedagogía de la transmisión que se basa en el supuesto de que hay un receptor pasivo, contrario a la problematización que busca que el individuo aprenda partiendo de sus realidades para que tenga motivación de transformarla al tiempo que refuerce su capacidad crítica y auto-crítica, lo que traerá como consecuencia social un rechazo al autoritarismo y paternalismo, una democracia participativa y una estructura social igualitaria, sobra decir que en nuestras manos esta que uno u otro resultado se dé a partir de lo que aplicamos en el aula.


Por último quiero decir (y quizá este satanizando lo que se nos dio en la capacitación) que el conductismo como lo dice Diaz Bordenave puede llevarnos a una sociedad disciplinada e individualista por lo que conviene preguntarnos ¿Por qué es conviene seguir enseñando en las escuelas una pedagogía de transmisión o conductista? Quizá pueda ser porque los poderes fácticos quieren seguir manteniendo el control, quieren a personas individualistas que se centren en sus propios intereses, seres disciplinados que se sometan al condicionamiento de quien tiene el poder, quizá porque se busca imitar al extranjero proponiendo soluciones a los problemas  que corresponden a realidades ajenas, quizá sea para que todo eso nos lleve a ser conformistas, a aceptar gobiernos autoritarios a los cuales nos sometamos, o  simplemente porque quienes tienen el poder (en lo educativo y en otros campos), prefieren una sociedad ciega y muda que una sociedad critica que apele por sus inconformidades.

PATAS ARRIBA, LA ESCUELA DEL MUNDO AL REVÉS



“Aprender sin reflexionar es malgastar la energía.”
Confucio

Me sorprende leer a colegas, profesionistas criticando las diversas problemáticas del país, sin tener la más mínima noción del trasfondo de dicha situación, por ejemplo, he leído críticas al aumento del precio del boleto del metro en donde comentan que en otros países el precio es mucho más alto y no se quejan, y en México nos quejamos por tan sólo dos pesos. Y es en ese momento cuando reflexiono y me pregunto ¿de que sirve tanta preparación profesional, tener licenciatura, maestría y doctorado? Si al final la mentalidad de esos profesionales deja mucho que desear. Es por eso que el mensaje que día a día trato de trasmitir a mis alumnos en cada una de las clases es: “el objetivo de la educación no se basa en tener el mejor promedio, ni tener mil y un maestrías en la mejor escuela; se trata de preguntarse: ¿qué voy a hacer con todos esos conocimientos?, atrévanse a dejar su huella, a conocer el trasfondo de las problemáticas de su entorno antes de criticar, a ser líderes sociales atentos a las necesidades de su comunidad y no dedicarse a enriquecerse económicamente. Todos debemos saber que nuestro deber es aperturar y promover un cambio social, para crear un mejor país”.  Y este mismo mensaje es el que pretendo transmitir con mi redacción.
En nuestro quehacer diario dentro del aula tenemos la gran responsabilidad de entrenar a nuestros alumnos en la adquisición de aprendizajes, habilidades sociales y valores. Sin embargo el mayor compromiso  es sembrar en ellos la semilla de la retribución a la sociedad de todo lo aprendido, como es que cada uno de los temas que se ven en clase les va a ayudar en su vida cotidiana y mejor aún como se convertirán en agentes de cambio en su entorno.
La educación determina el tipo de ciudadanos que queremos en el país; si en casa hacemos énfasis en una educación de valores como la honestidad, respeto, tolerancia, solidaridad; los hacemos responsables y conscientes de las consecuencias de sus actos, de que no son personas aisladas e independientes de su entorno  y que todo lo que realizan tiene un impacto, si se les enseña el valor del trabajo y de las dificultades y virtudes de la vida. Esos niños tendrán una visión como personas que perciben la realidad de su entorno, no de personas que se encierran en su burbuja y que suponen que todo lo que los rodea es adecuado porque no ven más allá de  su estilo de vida; no de personas que saben las diversas problemáticas que se generan día a día en el país, sin embargo saben que no podrán hacer mucho por resolverlas más que dejar que pasen; no de personas que no ven la salida a los problemas , que viven con temor y  muy de cerca la violencia y los abusos.
Si en casa se fomenta todo lo anterior, en la escuela resultará más sencillo desarrollar en el alumno las habilidades y capacidades que requiere para promover cambios en su entorno, a partir de la aplicación de los aprendizajes obtenidos en el salón de clases, del análisis de situaciones y de generar alternativas de solución, del desarrollo de su seguridad para saberse capaces de transformar su vida, la vida de su familia, de sus amigos, de su comunidad, de su país.
Transmitamos una visión que de soluciones, no quejas, que analice, no critique, que se informe, que se preocupe por su prójimo, no que sea egoísta, que se atreva a vivir, no a sobrevivir.

Para finalizar, pensemos: ¿Queremos alumnos que piensen como pobres, ricos, clase media o como personas que generan cambios?

jueves, 13 de marzo de 2014

Del individuo al agregado y de regreso

“Es imposible enseñar sin ese coraje de querer bien, no sólo a los otros sino al propio proceso que ello implica. Es imposible enseñar sin la valentía de quien insiste mil veces antes de desistir”
Paulo Freire

Nuestros estudiantes no son individuos aislados. No son solamente cuando les vemos una hora al día. Son, también, cuando conviven en el recreo entre ellos; cuando no les vemos; cuando están con los demás maestros; cuando van de regreso a casa y a sus (muchos) problemas diarios. Y además, también son parte de una sociedad más grande y con muchos otros problemas complejos; son parte de un país y un mundo lleno de desigualdad y pobreza, con muchas oportunidades para unos cuantos y muy pocas para la gran mayoría. Para esta entrada, me estoy basando en el primer capítulo del informe Equity and Quality in Education: Supporting Disadvantaged Schools and Students (OECD, 2012), el cual presenta evidencia sobre el estado de la OCDE y sistemas educativos de países miembro en aspectos de calidad y equidad en la educación, así como evidencia y argumentos sobre los beneficios de invertir en estos rubros. Los otros dos capítulos dan recomendaciones de política pública para mejorar a nivel sistema educativo y a nivel escuela.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD, por sus siglas en inglés) es una organización internacional que agrupa a 34 países que en conjunto representan el 80 % de la producción mundial. Y aún en estos países que concentran gran parte de la producción mundial, las desigualdades son enormes. De acuerdo con los resultados de la prueba PISA, 20 % de los estudiantes de quince años en estos países no tienen los niveles básicos de habilidades para funcionar en la sociedad. Esto quiere que uno de cada cinco jóvenes en los países más ricos del mundo no tiene las habilidades más básicas para vivir. En México son el 40 % de los jóvenes, y hay otro 30 % que no tiene el nivel básico o es altamente vulnerable.


Y de entre todos estos números, nuestros alumnos se encuentran en el porcentaje más bajo. Cada vez que pienso en darme por vencido con César o Brayan, trato de recordar que México se encuentra en el extremo de ésta tabla, y que dentro de México, César y Brayan están en el extremo más alejado. Y que están allí por muchas cuestiones totalmente fuera de su control, o de sus padres y maestros. Y totalmente fuera de mi control. Muchos estudiantes, principalmente de contextos marginados (disadvantaged backgrounds) (justo como Brayan y César), están en riesgo de tener bajos rendimientos escolares y abandonar la escuela.

La alternativa es que el contexto personal y social de los estudiantes no sea un obstáculo para que alcancen su potencial (equidad como imparcialidad) y que todos los estudiantes alcancen al menos un nivel mínimo básico de habilidades (equidad como inclusión). Y esto no solo es éticamente deseable, sino que también tiene sentido. Y tiene aún más sentido invertir desde los años iniciales de la educación:

“The logic is quite clear from an economic standpoint. We can invest early to close disparities and prevent achievement gaps, or we can pay to remediate disparities, when they are harder and more expensive to close. Either way we are going to pay. And, we’ll have to do both for a while. But, there is an important difference between the two approaches. Investing early allows us to shape the future; investing later chains us to fixing the missed opportunities of the past”. (Heckman, 2011)

El informe presenta evidencia sobre porqué invertir en equidad en la educación tiene altos rendimientos: invertir en edades tempranas permite a los estudiantes adquirir los conocimientos y habilidades (cognitivas, no cognitivas y socioemocionales) que les permitirán adquirir otras habilidades en años subsecuentes de su educación; éste efecto es particularmente alto para jóvenes en contexto de marginación, pues en sus hogares es menos probable que obtengan las habilidades necesarias para triunfar en etapas posteriores de su educación; por cada euro invertido en educación inicial hay un rendimiento de 10 centavos por año.

Al llegar a la parte de cómo hacer esto, y particularmente de cómo no se va a lograr (o en dónde se malgastan los recursos) -, es decir, en libros de texto, computadoras o suministros innecesarios o inadecuados; programas de aprendizaje chafones; intentos de reformas respaldados con recursos insuficientes- pensé inmediatamente en el caso de México y de mi escuela, una telesecundaria con 15 minilaptops y 10 proyectores que se no se usan, mientras existen otras necesidades que pueden tener mayor impacto en los estudiantes menos favorecidos.

En México se gastan solamente $40,000 USD por estudiante, mientras en otros países el gasto está por arriba de los $100,000 USD. Y la expectativa es que el gasto debe incrementarse. Así como pienso que nuestros estudiantes no son un número ni tampoco son un fenómeno aislado dentro de un salón de clases, el informe es explícito en señalar que la educación no es un rubro apartado, y que políticas educativas deben acompañarse con otro tipo de políticas (asistencia social y vivienda, por ejemplo). ¿Cuál es el techo del gasto en educación para México? Y más que eso, ¿qué es lo que se necesita? Personal capacitado; recursos educativos e instalaciones adecuados; y estudiantes motivados. Y además, pensar en los medios para lograr esto y en medir el posible impacto, decidir dónde invertir pensando en los resultados y no en las buenas intenciones. Esto es cierto tanto a nivel sistema como a nivel escuela, y estoy seguro que nuestras breves experiencias dentro de las escuelas nos lo han mostrado.

Suena lógico, y la evidencia lo respalda, pero terminar la educación secundaria de manera exitosa (bachillerato) les da a las personas mejores probabilidades de empleo y estilos de vida más saludables, lo cual beneficia a todos a través de mayores recaudaciones fiscales y personas más participativas en las vidas social y democrática de los países. Invertir en equidad y disminuir el abandono escolar a nivel sistema y escuela ayuda a los Brayan y César del sistema educativo. Brayan y César no son solo lo que veo en el salón. Y no son dos jóvenes aislados de sus familias, de sus pueblos, ni del sistema educativo mexicano. Me gusta recordarme eso cuando empiezo a desesperarme con las personas en específico. No es eso por lo que doy clases.
Carta No. 3: “Vine a hacer el curso de magisterio porque no tuve otra posibilidad”.

“Son personas, seres vivos, no maquinas que si hoy se descomponen mañana se repararan o se tiraran a la basura*”. Esta ha sido sin duda la "moraleja"más inmediata que encuentro en la lectura; y es a través de esta idea que es posible partir a lo que nos ha movido y aún nos mueve a sentirnos tan comprometidos con lo que hoy se ha vuelto nuestra profesión. Si bien es cierto que muchos de nosotros no tenemos una formación docente, el hecho de tomar nuestros perfiles como herramientas y el buscar constantemente el complementarlas a través de diferentes medios/ métodos, nos forma en la muy deseada, poco buscada, pero muy satisfactoria columna de profesionalizas convencidos de su labor, más no satisfechos. Buscando siempre la calidad en no sólo lo académico, sino también en lo social, cultural y humano de los estudiantes, el considerado docente debe y conoce bien los factores en su entorno, que pueden o no afectar el producto de su trabajo, esto es motivación (propia o del estudiante),  y el tiempo, principalmente. Claro, el hecho de conocerlos no le da al docente la vocación, pero lo compromete a mover pieza por pieza lo que este a su alcance comenzando así un proceso para el cual sólo se necesita eso mismo: comenzar.

“Es evidente que los problemas relacionados con la educación no son solamente problemas pedagógicos. Son problemas políticos y éticos como cualquier problema financiero”.  Más aún con esta innegable afirmación y saliendo un poco del enfoque que aquí usa el autor, la educación puede ser afectada por situaciones más cercanas o familiares al objetivo que en este caso son los estudiantes, que los anteriormente mencionados. Las constantes infiltraciones de temas políticos y relativos al plantel educativo en realidad viene a ser más una distracción y una forma de culpar a otros por lo que no nos hemos decidido a hacer. Claro que es importante, pero nuestro objetivo debe ser claro y debe ser también éste el que nos mueva a actuar impulsando a los estudiantes.

“Ninguna nación se afirma fuera de esa loca pasión por el conocimiento sin aventurarse, plena de emoción, en la constante reinvención de sí misma, sin que se arriesgue creativamente. Ninguna sociedad se afirma sin el perfeccionamiento de su cultura, de la ciencia, de la investigación, de la tecnología, de la enseñanza. Y todo esto comienza con la pre-escuela”. De aquí parten todos los problemas y por ende las soluciones y es aquí donde el interés docente debe fundarse, lo demás serán futuras (no lejanas) añadiduras.