jueves, 13 de febrero de 2014

Segunda Carta: No permita que el miedo a la dificultad lo paralice.

Cartas a quién pretende escribir.
Segunda Carta: No permita que el miedo a la dificultad lo paralice.


El primer día de clases pregunté  ¿a quién le gusta leer? ¿a quién le gustan los libros?
Solo 5 manos en cada salón se levantaron. 
Esta carta me ha gustado mucho. Más allá del planteamiento que Freire hace sobre el miedo a las dificultades, me parece interesante la reflexión que nos propone sobre la acción de  leer: la lectura como un proceso íntimamente ligado a la escritura.
La lectura en una relación directa con la escritura completa un círculo de creación perfecto. Escribimos porque alguien nos lee. Leemos lo que alguien ha escrito. Realizamos ambas acciones porque somos seres creativos, capaces de reinventar la(s) realidad(es) que nos rodea(n), a partir de las palabras, a partir del lenguaje. De cierta manera si miramos la lectura ligada a la escritura como una sola acción que crea, piensa y reinventa la realidad, adquiere otra dimensión más allá de una simple acción como supone el acto de ver que alguien coge un libro. ¿Qué significa realmente coger un libro?
Esta pregunta me hace pensar en mis estudiantes, la mayoría de éstos corresponden a las estadísticas sobre los índices de lectura en nuestro país: bajos en el mejor de los casos, nulos en el peor. Si miro más cercanamente, observo que de la misma manera en que la lectura no ocupa un lugar relevante en sus vidas, la escritura tampoco; estas faltas se traducen en redacciones escolares que no cumplen criterios de organización o de comunicación. La pregunta resuena más profundamente en mi cabeza: ¿En este contexto qué significaría leer un libro?
Al pensar en esto, he tomado como una acción urgente y requerida acercar libros a los jóvenes, aunado con el ejercicio intimo de producir sus propios textos (historias, cartas, ensayos) y especialmente que esos textos estén relacionados con su vida cotidiana, con ellos o ellas como personas. Creo profundamente que encontrar un medio de expresión en la escritura les acerca inevitablemente al acto de leer lo que otros –como ellos o ellas- han escrito. De esta manera, se convierte en un dialogo abstracto que mantienen con diferentes personas sobre múltiples temas: es como si el mundo cobrará otra dimensión.
Evidentemente para que exista una curiosidad por la lectura es necesario que haya un contexto que le favorezca, que acerque la lectura y la escritura a los jóvenes, no de manera obligatoria y forzada (ya que solo crea antipatía) sino de manera evidente y sana: un medio de expresión, de comunicación. Desafortunadamente cuando miro alrededor no veo espacios que le otorguen a la lectura y escritura el lugar que se merecen. En mi escuela ni hay biblioteca. En mi escuela los jóvenes no escriben semanalmente sobre sí mismos, sobre su contexto, sobre otras realidades, sobre sus pensamientos. Tampoco leen, los libros se les escapan a los ojos. Mis estudiantes conocen únicamente libros escolares, pocos han leído autores que les motiven, que les hagan pensar, reír, soñar. La lectura es una obligación con grillete, esperan terminar la escuela para poder “liberarse” de ella y no volver nunca más al acto de “coger un libro”.

En este sentido, la responsabilidad que tiene cada persona que descubre el acto de leer-escribir es grande, no solo en las acciones individuales, sino en las sociales: pensar que merecemos tener espacios públicos que favorezcan la lectura, luchar por ellos, promoverlos. Gestionar para que cada escuela, cada estudiante tenga a su alcance la decisión de querer o no querer leer-escribir como un hábito. Empezar por nosotros/as mismas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.