domingo, 26 de enero de 2014

PRIMERA LECTURA. CARTA 1. CARTAS A QUIEN PRETENDE ENSEÑAR. PAULO FREIRE. 31 ENERO 2014.

3 comentarios:

  1. En esta primera carta algunas frases despertaron en mi ciertas reflexiones, las cuales compartiré.
    Una de las primeras frases que llamo mí atención fue: “Quien enseña aprende porque reconoce un conocimiento antes aprendido” y esto es realmente cierto. Uno enseña lo que sabe e incluso lo que uno ni siquiera sabía que sabía o era capaz de aprender. Para poder transmitir un conocimiento a otra persona, en este caso un grupo de alumnos, necesitamos refrescar nuestra memoria recordando, revisando e investigando sobre un tema en particular, es decir necesitamos capacitarnos para dar un tema, el cual debe ser dado de manera atractiva para el alumno para que este despierte la curiosidad e interés del mismo por el tema y así se pueda dejar un aprendizaje significativo en cada uno de los alumnos.
    Otra de las frases es: “Tomando distancia de ella emergieron y así, la vieron como jamás la habían visto hasta entonces”. Nuestra perspectiva y maneara de percibir las cosas no es la única, ni la adecuada y correcta para todos, y en diversas ocasiones olvidamos esto. Como docentes en diversas ocasiones olvidamos tomar en cuenta la opinión de los alumnos, y nos enfocamos a lo que creemos o consideramos será lo mejor para ellos y hasta llegamos a criticar lo que nosotros consideramos no es lo correcto ni mejor para ellos, pero se nos olvida empaparnos de su contexto, sus vivencias, sus expectativas, cosas que ellos desean. Considero que “poniéndonos” o intentar ponernos “en sus zapatos”, podríamos llegar a favorecer el desarrollo de alguna clase o tema en particular.
    Las últimas dos frases son las siguientes las cuales considero están íntimamente ligadas: “Si no se sabe leer y escribir no se sabe estudiar” y “Si leer fuera un placer tendríamos una mejor calidad en nuestra educación”. Actualmente me puedo percatar de que los alumnos del bachillerato en el cual laboro no saben leer (comprender y entender lo que están leyendo) ni tampoco escribir (redactar un texto y expresarse adecuadamente). Tal vez con la materia que imparto no lo puedo observar tan directamente, pero si lo puedo observar cuando Adriana mi compañera de trabajo comparte conmigo las redacciones de nuestros alumnos. Este hecho me sorprende, pero no sólo porque se dé, sino también porque me doy cuenta que los docentes no hacen nada por mejorar este aspecto. En lo particular me da mucho gusto ver el interés que realmente tiene Adriana por mejorar la redacción de sus alumnos, porque con esto tipo de acciones ellos mejorarán su calidad educativa.

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  2. La “PRIMERA CARTA: Enseñar – aprender” de Paulo Freire me ha hecho pensar en la profundidad que existe en el acto de ser educador o educadora. Muchas veces obviamos la acción de enseñar y la reducimos al espacio de un salón de clases y un contenido académico impecable, definitivamente nuestra corta experiencia en las aulas nos devuelve el hecho de que no basta con eso. Muchos de mis estudiantes pueden recibir una explicación científica bien sustentada y rigurosa, sin embargo no estoy convencida de que la mayoría de éstos aprendan/aprehendan, la pregunta que siempre me planteo es ¿Por qué?
    En este sentido, reflexionar la práctica ayuda a hacer consciente el proceso que está pasando frente a nuestros ojos en esa aula. Nos acerca a esa “lectura del mundo” que nos habla Freiré. Me llama la atención esta idea sobre “leer el mundo”, entiendo que significa observar sin lecturas previas y abstractas (¿prejuiciadas?) que expliquen el contexto que nos rodea; lo que nos propone Freire es cómo si partiéramos desde una visión ingenua de la realidad siempre preguntándonos ¿Por qué?
    Si mis estudiantes no aprehenden el conocimiento a pesar de mi práctica docente esforzada, me tendría que preguntar ¿por qué?, ¿Es posible que el conocimiento que estoy impartiendo no signifique nada para estos estudiantes? Luego de esta reflexión incesante la pregunta forzada sigue siendo ¿pero por qué? En este sentido, Freire nos apunta a una solución: romper la dicotomía en la que caemos al intentar priorizar los conocimientos teóricos sobre los conocimientos prácticos y al revés. Esta dicotomía la aprendemos cuando nos enseñan o cuando enseñamos, puesto que siempre intentamos validar los conocimientos “científicos” por encima de los experienciales o sensoriales, en realidad no tendría que ser así. La importancia de otorgarles igual valor a ambos conocimientos, radica en nuestra postura delante de los conceptos de “enseñar y aprender”; es decir, si partimos del hecho de que “enseñar y aprender” son conceptos presentes en nosotros desde que comenzamos a explorar el mundo, incentivados por nuestra curiosidad, entonces les otorgaremos un valor igualitario. Está claro que mis estudiantes tienen conocimientos experienciales que yo ignoro y que probablemente estén relacionados con los conocimientos académicos que intento impartirles, la reflexión sobre mi práctica está relacionada con el hecho de descubrir esta nueva lectura: entonces puedo hacer una conexión entre sus conocimientos y lo que yo intento “enseñarles”, de manera más efectiva.
    Coincido con la afirmación de que la principal labor de un educador es desarrollar habilidades que permitan al alumno adquirir sus propios conocimientos -experienciales o académicos- y que a su vez puedan compartirlos. Esto significa por ejemplo dar una especial importancia a la comprensión lectora y escritora: entender el conocimiento que otras personas proponen y a su vez ser capaz de elaborar y compartir las propias reflexiones.
    No cabe duda de que como educadores tenemos una tarea ardua no solo por los resultados que se nos exige, sino más bien por las implicaciones de esta acción. Es necesario tener esa visión crítica de la práctica para evitar validar únicamente conocimientos que no signifiquen nada para nuestros estudiantes o concentrarnos demasiado en la lectura del contexto y convertirnos solo en observadores. No en vano Freiré menciona que la comprensión de los “textos” (en relación a las lecturas) requiere un trabajo previo por parte del “lector”, y no en vano relaciona la actividad lectora con la producción escrita: es decir observar y conocer de “otros” a la vez que éstos nos observan y conocen de mí, finalmente nuestra acción se convierte en un ciclo perfecto que no se queda en la teoría pero tampoco se pierde en la práctica.

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  3. Cartas a quién pretende enseñar - Primera carta
    Ana Castillo

    En lo personal no había tenido la oportunidad de acercarme a textos relacionados con la pedagogía por lo que todo esto es nuevo para mí, pero no por ello, extraño. Considero que el que el autor haya hecho de la primera carta la que habla sobre la importancia de la lecto-escritura refleja la importancia que dicho proceso tiene en la formación intelectual de cualquier ser humano. Para mí, que me encuentro en una estrecha relación con las letras (una de mis pasiones es la literatura)ha sido esencial en mi experiencia como PEM centrarme en la enseñanza y desarrollo de habilidades y capacidades relacionadas con el uso del lenguaje en distintos medios: oral, escrito, gráfico, creo que cada una de las formas de expresar ideas es una forma de lenguaje, así he realizado con mis alumnos ejercicios de “lectura” de imágenes, de videos, de composiciones musicales y, por su puesto, de textos.
    Descubrir que un chico de tercero de bachillerato es incapaz de resolver un ejercicio de redacción indirecta, de identificar ideas principales, o de explicar el contenido de un texto me ha impresionado, quizá no tenía la dimensión de hasta donde podían llegar las deficiencias de la educación básica y su impacto en el estudiante.
    En la sociedad contemporánea la lectura es la base para la adquisición de conocimiento y la escritura es la base de la expresión y de la comunicación, asocio estas ideas al creciente desarrollo de las redes sociales y los entornos virtuales: lograr dotar a un chico de estas habilidades es facilitarle inmensamente la vida, pero es ahí donde viene el cuestionamiento: ¿cómo puedo lograr eso? Y aquí es donde se engarza el otro planteamiento del autor que me pareció relevante y es que el proceso de enseñanza aprendizaje es mutuo.
    Para mí, que nunca imaginé estar dando clases, el aprendizaje es continuo, el mayor reto para mí ha sido buscar muchas maneras diferentes de explicar lo mismo sin caer en repetir lo mismo.
    Enseñar y aprender es un binomio que no se puede desligar, aquí retomo el aporte del autor: es tan evidente el continuo aprendizaje del estudiante que va de la mano con el aprendizaje del profesor, y la relación humana es lo que debe mediar entre ambas partes para un buen desarrollo y para poder alcanzar nuestra meta de enseñanza. Yo en lo personal he aprendido muchísimo de mis estudiantes y gracias al programa he conocido y me he involucrado en problemáticas no desconocidas pero tampoco vividas ni sentidas, problemas “en papel” que ahora veo en carne y hueso: ése ha sido mi mayor aprendizaje, el de una realidad impactante.

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