viernes, 31 de enero de 2014

PRIMERA CARTA


Debo confesar que inicio esta reflexión con una gran motivación, ya que, en algún momento de mi carrera como Pedagoga, me encontré identificada con este autor respecto a su pedagogía.

Al tomar la decisión de asumir el rol como PEM, no imaginé la magnitud de sucesos y experiencias que me esperarían diariamente dentro y fuera del salón de clases; visualizaba un salón de clases lleno de alumnos dispuestos a adquirir conocimiento, pero me topé con opiniones, debates, controversias y una que otra discusión sobre algún tema; esto me ha llevado a formarme y prepararme continuamente, a “estudiar con sentido crítico”.

Al momento de planificar cada una de mis clases debo estudiar y, ¿Cómo lo hago? Leyendo; ya que no soy una supercomputadora que todo lo sabe, soy una persona que enseña pero también destinada a aprender; y esto lo tengo presente cada vez que llego al salón de clases donde tanto alumnos como PEM nos fusionamos y adquirimos un aprendizaje, yo de los alumnos y ellos de la PEM.

Reafirme que al estudiar debo ser responsable cuando inicio una lectura, no puedo abandonarla solo por el hecho de no simpatizar con la postura del autor o peor aún, no entender un concepto o idea; debo perseverar aún con los obstáculos que se presenten y declinar a esos pretextos que usualmente se vienen a mi mente.

Lo anterior se los he compartido a mis alumnos, ellos tienen esa opción inteligente de leer; una opción que para muchos es difícil, rigurosa y lamentablemente, para muy pocos, es una opción agradable. Tienen la costumbre de leer por obligación, llevando una lectura sin la comprensión debida; creen que tal comprensión es memorizar todo lo leído para luego repetirlo; mi propósito ante esto es dotarlos de curiosidad ante un texto, de procurar o buscar que ellos mismos generen una comprensión de lo leído.

Quiero concluir haciéndoles la invitación de estar en constante estudio, ya que imagino que se han dado cuenta que el tener una licenciatura no nos es suficiente para atender todos y cada uno de los desafíos a los que nos enfrentamos día con día; de aprender no solo de los errores de nuestros alumnos, sino también de los nuestros.

"El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas"

"Profesora, si; tía, no"


En la facultad de Medicina, el profesor se dirige a un alumno y le pregunta:

“¿Cuántos riñones tenemos?”
“¡Cuatro!”, responde el alumno.
“¿Cuatro?”, replica el profesor, arrogante, de esos que sienten placer en pisotear los errores de los alumnos.
“Traiga un fardo de pasto, pues tenemos un asno en la sala”, le ordena el profesor a su auxiliar.
“¡Y para mí un cafecito!”, replicó el alumno al auxiliar del maestro.
El profesor se enojó y expulsó al alumno de la sala. El alumno era, por cierto, el humorista Aparicio Torelly Aporelly (1895-1971), más conocido como el “Barón de Itararé”.
Al salir de la sala, todavía el alumno tuvo la audacia de corregir al furioso maestro:
“Usted me preguntó cuántos riñones ‘tenemos’. ‘Tenemos’ cuatro: dos míos y dos suyos. ‘Tenemos’ es una expresión usada para el plural. Que tenga un buen provecho y disfrute del pasto”.
La vida exige mucho más comprensión que conocimiento. A veces, las personas, por tener un poco más de conocimiento o ‘creer’ que lo tienen, se sienten con derecho de subestimar a los demás.



"...que el amor es parte integral de la calidad tanto del
educador como de la educación." (1994, Rosa María torres)

Es imposible enseñar sin la capacidad
forjada, inventada, bien cuidada de amar.

"...pero no es posible ser maestra sin amar a los alumnos —aunque amar

solamente no sea suficiente— y sin gusto por lo que se hace."



Jamás debemos de dicotomizar, pero que sucede realmente en el aula, muy claro se plasma en el texto que esta subrayado en morado, finalmente  el maestro es el que plasma toda  una vida de futuras ideas, metas, hallazgos, sueños, muchas cosas más. Lo más curioso es que realmente hay una dicotomía  entre  las políticas institucionales  y lo que realmente se lleva acabo en el aula. 
     
      Sin duda alguna  no  debe existir  dicotomia entre  la lectura  y la escritura, debe existir  coherencia , una lógica precisa para  el entendimiento que se pretende  dar  cuando nos dirigimos a cualquier  tipo de público.

Respecto a esto,  el día de hoy asistiendo a la junta de consejo encontre un poco de ambas  dicotomias que menciono anteriormente, la primera  donde  no  debemos dicotomizar, donde  no existe una unión entre  la institución y el quehacer del profesor, se presento un vídeo mostrando  la reforma educativa, en este se realiza un breve recuento de las anteriores reformas educativas, mencionando el impacto de la reforma llevada  acabo de 1993 a 1994, la manera en que se llevo acabo la inserción de la misma; sin embargo,  este tema me hizo remontar  aún más en el pasado recordando que no han sido solo los únicos impactos que ha recibido ala educación en México, desde  ahí  deberíamos analizar  si  existe  un verdadero enlace en lo que se les entrega día a día ( los archivos, documentos de actualización) con  el avance  académico.
     Si bien podemos ver que  si  hay interés entre  los profesores  para que los alumnos tengan una mejor calidad educativa, pero entre ellos mismos  discuten el saber ¿Que es calidad educativa? pero no para ellos mismos  sino para  el estado, mejor dicho para  la república,  aunque existe  una descentralización educativa no existe autonomía dentro de cada estado, finalmente compiten entre  los estados cuando deberían competir  a nivel mundial.
      Temo decir que  si existe  una dicotomia entre lectura y escritura, ya que, durante  la junta técnica  se  tuvo que llenar  ciertos criterios, pero al plasmar estrategias, los propios  maestros preferían dar  solo una solución cuando realmente  hay un sin fin de actividades lúdicas, dinámicas y certeras para  la adquicisión de conocimiento.

    Esta lectura  me deja  mucho en que pensar, que finalmente  a pesar de la fecha en que  Freire  escribe el texto, el mundo educativo  sigue  teniendo un retroceso o mejor dicho requiere  un retroceso con el fin de  bsucar  un equilibrio con el rezago que presenta cada alumno pero en vez de que esto nos ayude a crear o mejorar, el propio alumno busca medios de escape, para  algo que  ya les  parece inútil aprender. Pienso, ¿entonces que nos ha pasado realmente?¿debemos creer o tener altas expectativas?¿debemos de cambiar al profesor por herramientas tecnológicas?¿que ha sucedido con el papel del profesor?¿preferirías que te diera clase tu tía?


Here goes nothing

Por Mario Olvera

La lectura del prólogo, introducción, primeras palabras y la primera carta de Cartas a quien pretende enseñar me llevan, irremediablemente, a mi experiencia como educador con Enseña por México (ExM). Tal vez debería decir que me lleva irremediablemente a la lectura del mundo con la que comencé a leer la palabra de Freire. Tengo muchas ideas en la mente que se mezclan y se interrelacionan unas con otras, tanto de mi experiencia con ExM como del estimulante libro de Freire. Y así, mientras las escribo las repienso y las reescribo, justo como Freire explica que siempre sucede. Mi intención es poder reflexionar sobre la práctica que realizo como PEM a la luz de las posturas de Freire, tanto de las posiciones ideológicas como de la relación que mantenemos mis alumnos y yo con el estudio-lectura-comprensión.

Desde mi perspectiva, en resumen Freire teme que la educación caiga en la trampa del “fin de la historia”; en la resignación de que le hemos dado al blanco: this is as good as it gets. Podemos, claro, mejorar por aquí y por allá, parchar detallitos como la hambruna o la desigualdad (económica, de oportunidades, educativa, you name it). Pero ya la hicimos. Dejemos atrás la inútil diversidad de ideologías y los utopismos ingenuos, ya vivimos en la utopía. De aquí pa’l real, perfeccionemos de la mejor manera -¿acaso la única?- posible: con el saber técnico.

Pero negar toda ideología no parte sino de una ideología misma, pues ¿qué clase se ve beneficiada de la ausencia de ideologías? Freire comienza y termina las palabras introductorias de su libro rechazando que se llame tías a las maestras por esto mismo. Llamarles así, explica, beneficia a la clase dominante al ablandar a las maestras y sus luchas democratizadoras (muy interesante es que una de estas luchas que los maestros deben reivindicar es por capacitación-evaluación, pero eso será tema de otra entrada). Debilita a las maestras y por lo mismo mismo beneficia a aquellos a quienes conviene que las cosas sigan funcionando como funcionan ahora: a las clases dominantes.

No pude evitar sino preguntarme a quién beneficia ExM. No es secreto que uno de los distintivos de éste programa y de toda la red Teach for All son las técnicas que el trabajo de 20 años han ido puliendo. Desde esta perspectiva, Teach for All pudiera parecer completamente “desideologizada”, en el sentido negativo que Freire explica: son los saberes técnicos, y solamente los saberes técnicos, los que permitirán el perfeccionamiento de nuestra oh-tan-cerca-de-la-perfección sociedad.

Pero algo he aprendido siendo un PEM: a ser concreto. Lo que pasa dentro del aula es el mundo del profesor. Y de los alumnos. ExM rechaza la paquetería de la que habla Freire, éste papeleo que dicta la forma en que el maestro debe dar su clase. Y da libertad de que sea el maestro (el PEM) quien decida qué es lo importante para él en su aula, y qué es lo importante para sus alumnos en el aula. De esta manera, en mi aula partimos de la conciencia de que algo no está funcionando bien y que podemos, obteniendo mejor educación, cambiarlo cada uno de nosotros (mis alumnos y yo) a la vez.

Quiero, a manera de análisis-reflexión, vincular mis prácticas como PEM a los conceptos de enseñanza-aprendizaje y a los de estudio y lectura-comprensión de Freire. Y cómo estos implican cierta ideología y posibilidad de cambio. Pero, así como dije al inicio de ésta entrada, conforme escribo voy repensando y entonces quiero releer, y luego escribir de nuevo. Solamente puedo imaginar lo rico que hubiera sido ir leyendo, en un blog, el proceso de Freire al escribir sus libros. Por ahora termino ésta entrada con un buen sabor de boca que deja volver a leer-escribir-comprender, muy seguro de que en futuras entradas podré explorarle aún más.

PRIMERA CARTA Enseñar – aprender. Lectura del mundo- lectura de la palabra

Esta lectura hace hincapié en lo valioso e importante que  es enseñar, no por el simple hecho de hacer ese acto significa que realmente estamos haciendo algo grande o que estamos generando un cambio en el estudiante, porque muchas veces quienes estamos al frente de los alumnos carecemos de conocimiento acerca del proceso de enseñanza y creemos que el simple hecho de transmitir conocimientos ya es educar, sin embargo Freire en su primera carta nos hace ver que el enseñar no se reduce solo a este acto, plantea la idea de que al enseñar se deben reconstruir los caminos de la curiosidad, es decir no hacer de la educación algo bancario, un proceso en el que solo se da información y conocimiento por parte del maestro y donde el alumno sólo almacena y almacena esta información sin procesarla o siquiera plantearse la idea de que tan útil le puede ser o si lo que se le esta dando es  cierto o no.

Otro de los errores o de las prácticas más comunes entre quienes estamos frente a un grupo es el de considerar que para que un alumno comprenda algo, necesariamente tiene que aprender a escribir y después  aprender a leer, olvidando que estos dos procesos no tienen porque darse de forma separada, Freire habla de que nosotros como seres humanos tenemos sentidos  que nos permiten hacer una lectura del mundo, una lectura basada en la experiencia, aspecto necesario para poder conjuntamente con la escritura y la lectura completar el proceso de aprendizaje y enseñanza, partiendo del hecho de que el alumno antes de recibir un concepto o conocimiento ya tiene del mundo una visión, algo previo que  sin duda le puede facilitar la comprensión de lo que se le explica, de lo que lee e incluso de lo que escribe. Por ello se puede decir que estudiar implica leer pero no solo leer reducido al acto de pasar las hojas de un libro, sino complementado con el hecho de usar los sentidos y hacer la lectura del mundo.

Por el lado de los educadores, es importante que consideremos que al enseñar nos encontramos en un proceso también de aprendizaje, puesto que no basta con dar una lección buena y ya, para llegar a este paso es necesario hacer previamente un repaso, reaprender de lo que se enseña y en la propia practica desde mi punto de vista es conveniente replantearse, hacer un pausa y ver los esfuerzos que se hacen para que los alumnos alcancen a comprender, aprender y aprehender lo que se les da, por eso la labor de nosotros es indagar, utilizar todos los recursos posibles para hacer de la tarea de enseñar algo mucho más completo, en este sentido cabe destacar que muchos de los educadores (entre ellos me considero), carecemos del hábito de hacer labor de investigación, de lectura  de comprensión, aspectos importantes para la labor de enseñanza.

En conclusión, Freire en esta carta afirma que quienes tenemos la tarea de enseñar o pretendemos hacerlo, debemos hacer un trabajo previo de lectura, investigación, reflexión, que no basta con transferir conocimiento, que la lectura  y escritura no son procesos que deban separarse, así mismo hace mucho énfasis en que los educadores debemos desarrollar las habilidades de pensar, leer  y escribir, practicando aunque a muchos no nos guste tanto, dice Freire, se aprende a escribir, escribiendo y esta ha sido la primera experiencia con la que tenemos que seguir experimentando.

En esta carta habla de quien enseña aprende porque reconoce un conocimiento antes aprendido y por el otro, porque observando la manera como la curiosidad del alumno aprendiz trabaja para aprehender lo que se le esta enseñando, sin lo cual no aprende, el educador se ayuda a descubrir dudas, aciertos y errores, por lo tanto nosotros como "docentes" debemos reconocer que el Enseñar y el Aprender va de la mano, tanto el que enseña está al mismo tiempo aprendiendo de sus estudiantes reconociendo en sí mismo un conocimiento antes aprendido, en cada sesión nosotros también nos llevamos algo nuevo de nuestros estudiantes.
Sin embargo, el aprendizaje del educador al educar será valido en la medida en que tenga la disposición de repensar lo pensado, de indagar, de aprender, de actualizar ese conocimiento, garantizando que prevalezcan en su formación para la enseñanza las competencias necesarias para la práctica de la misma, lo queatribuye el deber de prepararse para tal fin de ahí las palabras de Cicerón “Si quieres aprender, enseña”.
Freire nos motiva a ser  creativos, incentivadores y críticos en la realización del proceso de Enseñanza, para que nuestra experiencia escolar sea realmente transformadora.

jueves, 30 de enero de 2014

LA LECTURA EN TIEMPOS DE FACEBOOK

La comprensión es trabajada, forjada por quien lee, por quien estudia,
Que al ser sujeto de ella, debe instrumentarse por hacerla mejor.
(Paulo Freire, 2002)

“El término leer se define como el acto por el cual se otorga significado a hechos, cosas y fenómenos,  mediante el cual también se devela un mensaje cifrado, sea éste un mapa, un gráfico, un texto. De este modo viene a ser una respuesta a la inquietud por conocer la realidad, pero también al interés de conocernos a nosotros mismos, todo ello a propósito de enfrentarnos con los mensajes contenidos, en todo tipo de materiales.”   (Muñoz, Reyes, Covarrubias y Osorio, 1991, p. 32). Sin embrago la lectura no sólo se realiza mediante textos, hay distintos tipos de lectura cuya finalidad también es decodificar mensajes, pero mensajes que están inmersos en una conversación, en un contexto y en las experiencias diarias.
Cuando enseñamos a nuestros alumnos a leer, les damos la llave de una puerta que les permite estar en contacto con la realidad de su contexto, visibilizar los problemas existentes en él, criticar las causas de los conflictos y asumir una responsabilidad por aportar una solución a dichas problemáticas;  una vez abierta la puerta, jamás se cerrará. Pero cómo es que comienza ésa preparación, cómo es que un alumno que sólo está interesado en escuchar y anotar conceptos para después memorizarlos puede alcanzar el nivel que esperamos, el nivel que le permitirá saber aventurarse en el mundo de la abstracción y creación de conocimiento.
Primero, debemos dar lecturas que estén acordes a su nivel de comprensión y análisis, si estamos con estudiantes de bachillerato, no  proporcionemos fábulas o cuentos, éstos textos están dirigidos a niños de entre 6 y 7 años, si bien sabemos que la preparación para la lectura no es la ideal para el nivel en el que se encuentran, la capacidad de un adolescente no es tan baja como pareciera (su desarrollo cognitivo es parte de su desarrollo humano), por ello debemos comenzar a tener altas expectativas de nuestros alumnos e iniciar con una lectura acorde a su edad, una lectura que implique acontecimientos actuales y que mediante preguntas guía les permita comenzar a analizar el texto, relacionarlo con su vida cotidiana y generar sus propias conclusiones acerca del tema.
Segundo, debemos dar el poder a los estudiantes de explorar el conocimiento, de entretejer cada uno de los conceptos, de imaginar y analizar el objeto de estudio, de tal manera que relacionen los aprendizajes en su vida cotidiana. De esa manera les estaremos dando el valor para aventurarse a realizar la lectura de la palabra, la lectura del mundo, la lectura del texto y de su contexto. Nuestras palabras describen el mundo, el mundo que queremos que nuestros estudiantes conozcan, palpen y vivan, es decir, a través de los que comuniquemos en nuestro discurso, en las actividades, videos e imágenes que mostremos en clase generamos una visión del mundo y a partir de esos recursos, comenzarán a crear su propia visión, la que al final vivirán.
Finalmente, tercer punto, como educadores tenemos el deber de alentar a nuestros alumnos a saberse capaces de comprender conceptos complicados, no darse por vencidos al momento de no entender una palabra, hacer que indaguen, pregunten, que extraigan información a partir de lenguaje sensorial (lecturas, imágenes, audios) que les permitan encontrar la información adecuada.
Pero si después de leer lo comentado anteriormente aún sigues pensando que las lecciones narradas giran en torno a la habilidad lectora, estás muy equivocado, ya que llevando a cabo todo eso y todo lo demás que se te ocurra, estarás brindando a tus alumnos una lección muy importante, la cual te aseguro, continuarán aplicando fuera del aula: nada está dicho, puedo crear mi propio aprendizaje a través de mi experiencia, poseo la capacidad para indagar información no sólo en los libros, sino en el diálogo de quienes me rodean, tocando y observando, yo puedo y soy capaz de aprender.


Un educador debe ser capaz de guiar al alumno a descubrir su propio conocimiento. 

Cartas a quien pretende enseñar: Primera Carta



“El enseñar no existe sin el aprender”. Una tesis tan compleja y al mismo tiempo tan simple, que cualquiera pudiera dedicar, a mi parecer, varias horas de debate incesante sin llegar a ninguna conclusión elocuente. 

En el quehacer pedagógico (considero) existen varios planteamientos epistemológicos, los cuales pretenden mejorar el panorama educativo; enseñanza-aprendizaje, procesos que desde mi punto de vista, son mutuamente excluyentes en el contexto en el cual vivimos.

La primera carta a quien pretende enseñar, marca un punto de partida en el cual el aprendizaje comienza con la pasión de leer, de escribir, de hacerse uno con estos dos elementos; así es como se emprende el camino hacia el conocimiento, conjugando tanto lo empírico como lo teórico, yendo de la mano uno del otro, o en palabras del autor: “leer es una opción inteligente, difícil, exigente, pero gratificante. Nadie lee o estudia auténticamente si no asume, frente al texto o al objeto de la curiosidad, la forma crítica de ser o de estar siendo sujeto de la curiosidad, sujeto de lectura, sujeto del proceso de conocer en el que se encuentra”. Éste es el meollo del asunto. 

Cabe destacar una palabra importante en ésta cita: “curiosidad”; resalta dado que es así como se genera el conocimiento, a partir de la duda, a partir de esa sensación de querer conocer algo nuevo. Claro que un profesor debe impulsar esa cualidad en los niños, claro que él mismo debe recorrer sus aulas buscando un solo propósito: poner en contraste todo conocimiento adquirido para generar algo nuevo (aprender enseñando). 

La lógica nos dicta que algo mecánico no sirve (al menos no en el proceso complejo del pensamiento) sin embargo, ¿no es el modelo más utilizado actualmente dentro de las aulas? ¿No es un método altamente pragmático en el actual contexto sociocultural? ¿No es mejor formar seres manipulables que personas racionales? Dicotomizar la escritura de la lectura (y el pensamiento) tiene un propósito, creo altamente que el grado de responsabilidad de la dualidad profesor-alumno es inherente en todo proceso de aprendizaje, sin embargo, a manera de prefacio, es necesario dejar en claro que son varios los factores que propician que un alumno de bachillerato manifieste el desagrado por la lectura o que un catedrático miembro del SNI, crea que tiene una “teoría del todo".
Comenzar por pequeños pasos como, escribir notas sobre algo que vivimos, o simplemente leer algún texto cualquiera, es de suma ayuda; la pasión por el aprendizaje comienza desde la infancia, pero creo que todo primer acercamiento a este nuevo mundo inicia (como el autor menciona) con una réplica de las estructuras materiales de la sociedad, porque a partir de lo ya existente es como se genera (o transforma) algo nuevo; es una dialéctica.

El trabajo del que pretende enseñar no sólo es el de atender que esta dialéctica siga un proceso estructural (como el que menciona Vigotsky) en sus alumnos y en él mismo, sino también, atender el “proceso del mundo” “de lo externo”, “de lo extraño”, de las variables infinitas que rigen a la vida; es un trabajo arduo (al igual que muchos otros) que implica, por el momento, la incesante pasión por “saber”.

Referencias:

Freire, P. (2004). "Cartas a quien pretende enseñar". Primera carta. Buenos Aires: Siglo XXI, Editores Argentina

Primera Carta



Enseñar-aprender. Lectura del mundo-lectura de la palabra.

Si bien, esta primera carta me dio pauta para hacer una retrospectiva de cuando recién inicie el semestre, teniendo la idea de llegar a enseñar “algo” que no del todo era mi fuerte, pero como bien lo dice el texto, un educador no puede enseñar sin tener la capacitación necesaria para hacerlo, eso mismo me hizo recordar, lo estresante que fue pensar a quien podía recurrir para capacitarme en esas áreas y si yo, ahora tendría la capacidad para aprender tantos conceptos nuevos en tan poco tiempo, pensando, que de esa misma forma se los tendría que transmitir a mis aprendices. Lo sigo asimilando todavía, pero conforme va pasando el tiempo, voy llegando a la conclusión de que, quien terminara aprendiendo más al final de cuentas seré yo; así como el texto lo menciona en esta primera carta “El enseñar no existe sin el aprender”.

Asimismo, este primer capítulo me hizo redefinir el significado de “Leer”; ahora me pregunto, si en un inicio yo les hubiera cuestionado  a mis alumnos de la clase de Literatura I , para ellos que significa “leer”, apuesto que me hubieran respondido de inmediato algo así como: -“Lo más aburrido del mundo”, o tal vez, -“Algo que nos obligan a hacer”. Es demasiado abrumador, como alguien puede percibir esta acción tan valiosa para su vida cotidiana, como algo aburrido, tedioso o innecesario, pues bueno así es como piensan mis antiguos alumnos, no todos, claro, hubieron sus excepciones; y es que, están tan acostumbrados a escuchar que la lectura debe ser necesariamente sobre temas complicados, que a ellos les cuesta entender, porque eso es lo que han leído a lo largo de su corta vida, sin explicaciones quizás, de porque o para que están leyendo esos textos. Este primer apartado me hace afirmar la importancia que tiene la lectura, como fuente de creación y desarrollo de creatividad, rediseñando su significado como algo gratificante y placentero, que se verá plasmado en la producción de materiales tangibles propios de los alumnos.


Es nuestra misión como educadores, estar en constante búsqueda de estrategias que despierten la curiosidad y el hambre de aprender y comprender, lo que sucede a nuestro alrededor, estimulando en nuestros alumnos la capacidad de creación  y el  gusto por la lectura. 

Comentario de la Primera carta: Enseñar-aprender (de Paulo Freire)


La “PRIMERA CARTA: Enseñar – aprender” de Paulo Freire me ha hecho pensar en la profundidad que existe en el acto de ser educador o educadora. Muchas veces obviamos la acción de enseñar y la reducimos al espacio de un salón de clases y un contenido académico impecable, definitivamente nuestra corta experiencia en las aulas nos devuelve el hecho de que no basta con eso.  Muchos de mis estudiantes pueden recibir una explicación científica bien sustentada y rigurosa, sin embargo no estoy convencida de que la mayoría de éstos aprendan/aprehendan, la pregunta que siempre me planteo es ¿Por qué?
En este sentido, reflexionar la práctica ayuda a hacer consciente el proceso que está pasando frente a nuestros ojos en esa aula. Nos acerca a esa “lectura del mundo” que nos habla Freiré. Me llama la atención esta idea sobre  “leer el mundo”, entiendo que significa observar sin lecturas previas y abstractas (¿prejuiciadas?) que expliquen el contexto que nos rodea;  lo que nos propone Freire es cómo si partiéramos desde una visión ingenua de la realidad siempre preguntándonos ¿Por qué? 
Si mis estudiantes no aprehenden el conocimiento a pesar de mi práctica docente esforzada, me tendría que preguntar ¿por qué?, ¿Es posible que el conocimiento que estoy impartiendo no signifique nada para estos estudiantes? Luego de esta reflexión incesante la pregunta forzada sigue siendo ¿pero por qué? En este sentido,  Freire nos apunta a una solución: romper la dicotomía en la que caemos al intentar priorizar los conocimientos teóricos sobre los conocimientos prácticos y al revés. Esta dicotomía la aprendemos cuando nos enseñan o cuando enseñamos, puesto que siempre intentamos validar los conocimientos “científicos” por encima de los experienciales o sensoriales, en realidad no tendría que ser así. La importancia de otorgarles igual valor a ambos conocimientos, radica en nuestra postura delante de los conceptos de “enseñar y aprender”; es decir, si partimos del hecho de que “enseñar y aprender” son conceptos presentes en nosotros desde que comenzamos a explorar el mundo, incentivados por nuestra curiosidad, entonces les otorgaremos un valor igualitario.  Está claro que mis estudiantes tienen conocimientos experienciales que yo ignoro y que probablemente estén relacionados con los conocimientos académicos que intento impartirles, la reflexión sobre mi práctica está relacionada con el hecho de descubrir esta nueva lectura: entonces puedo hacer una conexión entre sus conocimientos y lo que yo intento “enseñarles”, de manera más efectiva.
Coincido con la afirmación de que la principal labor de un educador es desarrollar habilidades que permitan al alumno adquirir sus propios conocimientos -experienciales o académicos- y que a su vez  puedan compartirlos. Esto significa por ejemplo dar una especial importancia a la comprensión lectora y escritora: entender el conocimiento que otras personas proponen y a su vez ser capaz de elaborar y compartir las propias reflexiones.
No cabe duda de que como educadores tenemos una tarea ardua no solo por los resultados que se nos exige, sino más bien por las implicaciones de esta acción. Es necesario tener esa visión crítica de la práctica para evitar validar únicamente conocimientos que no signifiquen nada para nuestros estudiantes o concentrarnos demasiado en la lectura del contexto y convertirnos solo en observadores. No en vano Freiré menciona que la comprensión de los “textos” (en relación a las lecturas) requiere un trabajo previo por parte del “lector”, y no en vano relaciona la actividad lectora con la producción escrita: es decir observar y conocer de “otros” a la vez que éstos nos observan y conocen de mí, finalmente nuestra acción se convierte en un ciclo perfecto que no se queda en la teoría pero tampoco se pierde en la práctica.

domingo, 26 de enero de 2014

PRIMERA LECTURA. CARTA 1. CARTAS A QUIEN PRETENDE ENSEÑAR. PAULO FREIRE. 31 ENERO 2014.